Editorial
Esta mañana recibí una carta que me cambió. Era del padre de una niña de once años. Para proteger la intimidad del padre y la hija les llamaremos Javier y Elena.
Javier, divorciado de su mujer hace tres años ve a Elena dos fines de semana al mes y algunas tardes entre semana, puesto que es la madre la que goza de la custodia de la única hija del ex matrimonio.
Desde que Elena era muy pequeña Javier notaba que era diferente. “Nunca le han gustado las muñecas ni las chorraditas de niñas, juega al fútbol mejor que sus primos y le gusta llevar coletas o el pelo cortito, se muere de la vergüenza con los vestiditos que le compra su madre. Vamos, si es que hasta sus abuelos (de la madre) la llaman marimacho”, comenta en su carta.
… Contiuar leyendo








Comentarios Recientes